lunes, 18 de noviembre de 2013

Nunca me permitas, Señor.

Nunca me permitas, Señor, convertirme en esas personas que lo saben todo.
Nunca quiero ser Señor, de esos que no dudan antes de opinar, de esos que están muy seguros de lo que piensan y más todavía de que deben hacer que el mundo lo sepa. Nunca me permitas señor, estar tan segura de mis razonamientos que no dé lugar a escuchar los del otro. Nunca me permitas señor, que hable sobre una persona como si fuese algo objetivo, como si pudiese leerse sólo desde un punto de vista, sólo desde la experiencia que yo tuve la oportunidad de vivir. Como si lo que alguien es, pudiera bajarse de lo que muestra o lo que les muestra a ellos.

Me ha tocado compartir con personas que critican todo, con personas que opinan de todo, muy seguros de sus opiniones. Me ha tocado compartir con personas que hablan de otras personas, como si estuvieran dentro de su cabeza, dentro de sus corazones. Me ha tocado compartir con personas que están seguros de que tienen la razón en cada cosa que dicen. Me ha tocado compartir con personas que no miden lo que sus opiniones expresadas pueden producir en el corazón del que los escucha. Me ha tocado compartir con personas que hablan sin pensar lo que dicen, como si las palabras no tuvieran valor, como si las palabras no resonaran después en quien las recibe.

¿Acaso no los incomoda la duda? ¿Acaso nunca eligieron mal? ¿Acaso nunca se equivocaron?

Y me di cuenta que es insostenible, me di cuenta que es inconvivible, me di cuenta que nunca quiero ser alguien así. Prefiero quedarme con el beneficio de la duda. Prefiero pensar que debe haber alguna explicación que yo todavía no encontré. Prefiero confiar a pesar de las experiencias pasadas. Prefiero creer que el corazón del hombre es bueno, siempre. Prefiero ser yo la que me equivoque antes de condenar a otro a una opinión rígida y certera. Prefiero quedarme callada antes de hablar algo  que encadena.


Sólo tengo miedo, de que al no poder soportarlo, me esté convirtiendo de a poco, en lo que no quiero que me permitas ser.

viernes, 1 de noviembre de 2013

Mi casita Nueva

Mi casa es chiquita, es muy humilde, tengo cuatro cuartos, tengo un living, una cocina y un baño, tengo un jardín grande, un jardín que puedo usar por la mitad, por que por ahora es solo la mitad lo que pude limpiar. El resto está todavía inusable. No tengo microondas, mi heladera no funciona, mi lavarropas tampoco, no tengo placard, no tengo tele, no tengo internet, no tengo más que una flor en el medio de mi metro cuadrado de baño para poder bañarme. Tengo una cama, tengo una mesita en mi cuarto donde puedo apoyar algunas cosas, tengo ventanas sin vidrios pero con postigos. Tengo un tanque de agua buena para poder tomar, tengo algunos platos, algunos vasos y algunos cubiertos, tengo un jarrito para calentar agua para hacer unos mates. No tengo mucho más ni mucho menos. Pero hoy, conseguí algo más. Hoy tengo una capilla en mi casa chiquita. Hoy conseguí una caja para usar de altar. Hoy junté mis imágenes, mi biblia y un paño africano que tenía en mi cuarto y armé mi lugar. Hoy tengo un oratorio. No tengo muchas cosas, pero tengo esto, un lugar, chiquito pero cálido y bien arrumado, donde puedo sentarme a rezar sin ser interrumpida, donde puedo venir a charlar un rato con Jesús. Hoy no tengo mucho, pero tengo todo lo que necesito.
Y pienso esto y me acuerdo de una poesía, una poesía de papá, una poesía que fue la primera que leí, una poesía que describe esto que me está pasando, una poesía que cada vez que leo hace que mi corazón comience a latir con más fuerza, hace que me tiemblen las manos y que se me llenen los ojos de lágrimas. Pero hoy, que no tengo muchas cosas pero tengo mi oratorio, entiendo el orgullo con la que se escribió.
"Es la primera navidad de mi familia
y no tenemos árbol
pero tenemos un pesebre nuevo,
muy humilde y sencillo
hecho de barro.

Tengo tres reyes, muy piadosos ellos,
que con las manos juntas van llevando
grandes regalos para el rey que nace.
Me recuerdan a mi, que hace muy poco,
temblando de temor junté mis manos
para atreverme a hacer una familia
con un pesebre humilde y sin un árbol.

Tengo un asno echado así, al descuido.
Es un extraño animal, sin duda, el asno.
capaz de soportar grandes esfuerzos,
grandes dolores pesados, muy pesados
y mantener, sin gritos, sin estruendos
la mansedumbre de sus ojos mansos.

A veces me parece que se ríe
o se me antoja que me está mirando
y se sonríe...

Tengo un buey que cuida de su oveja.
El es fuerza y vigor, ella es encanto.
Él se ocupa de hacer frente a la vida
ella guarda el amor en su regazo.

Ella la mira a mi mujer y se ríe
o se me antoja que la está mirando
y se sonríe...

Entre todos resaltan con esmero
José y María envueltos en sus mantos
y el burrito y el buey
y el cordero y la oveja no lo saben
pero ese niño que está allí acostado
es el hijo de Dios que se hizo hombre
y aunque es pequeño no está cuidando.

Y si está Dios presente se me ocurre
que no le importa si no tenemos árbol,
porque aunque salga el sol,
aunque no queme,
el dolor no es más que un simple paso
hacia un cielo apacible de descanso.
Hacia ese cielo mi familia nueva,
yo y mi pesebre vamos caminando.

Es tan poco en verdad lo que tenemos,
que da verguenza sólo enumerarlo
pero en medio de todo lo que falta
te tengo a vos y tengo este milagro
de una familia
 con primera navidad pero sin árbol.

Es la primera navidad de mi familia
y no tenemos árbol
pero tenemos un pesebre nuevo,
muy humilde y sencillo
hecho de barro."