Les comparto un fragmento de uno de los libros del escritor que me acompaña. No tiene desperdicio.
"La verdadera paz implica mucho más que una simple aceptación cortés de quienes son diferentes; implica encontrarlos, apreciarlos a ellos y sus culturas y crear vínculos con ellos. Familia, cultura, religión, comunidad y amigos son realidades vitales para el crecimiento del ser humano; pero debemos aprender a no encerrarnos ni dejarnos hacer prisioneros de esos grupos. Debemos traspasar esas fronteras para poder encontrarnos con quienes son diferentes de nosotros. Aún cuando la coexistencia es una base importante, la paz va mucho más allá. Para crearla debemos ir más allá de un simple "Buenos días", descubriendo quién es el otro y revelándole, a su vez, quienes somos nosotros. Escuchando al otro y encontrándonos realmente con él, comenzaremos a ver realmente la obra de Dios en la belleza, el valor y la persona profunda de quienes son diferentes. [...]
Tales encuentros implican una apertura, una vulnerabilidad, un estar presentes a los demás, una cierta manera de escucharlos, comprenderlos y ocuparse de ellos que les revele su valor y sus dones. Cuando amamos y respetamos a los demás, revelándoles su valor, ello pueden salir de detrás de los muros que los protegen. Ya no temen resultar heridos y pueden comenzar a abrirse. [...]
Las relaciones personales implican ternura y bondad. El reverso del amor es la dureza del corazón o la insensibilidad; es la indiferencia hacia los demás, hacia lo que ellos puedan pensar o sentir, hacia sus necesidades. Es evitar y erigir sistemas defensivos. El miedo encierra a la gente en sus sistemas de protección.
La paz no consiste únicamente en la ausencia de guerra, ni significa limitarse a vivir unos junto a otros ignorándose, mostrándose indiferentes o evitándose. La paz es aprender a conocerse, a apreciarse, a ver el valor de cada uno y a recibir los unos de los otros. Esta paz fluye de una comunión de corazones en la que descubrimos que somos realmente hermanos y hermanas que formamos parte de una humanidad en común. Esta comunión de corazón no se limita a ser un mero sentimiento; no consiste tan solo en refugiarse en un grupo de amigos. Implica que, como comunidad y como amigos, nos comprometamos a trabajar juntos por la justicia y la paz.
La paz es fruto del amor, y un amor que a su vez es justicia. Pero crecer en el amor exige un trabajo con uno mismo y unos esfuerzos constantes. Puede hacernos sufrir porque nos pide "abandonar": "abandonar" nuestras certezas, nuestro confort y aquellas heridas que nos protegen y nos hacen vivir. [...]
Hay que distinguir entre las necesidades básicas del ser humano y aquellas que, siempre y cuando se las respete, te permiten no solo sobrevivir, sino también desarrollarte y realizarte en plenitud. Nuestras necesidades básicas son el alimento, la vivienda, la educación y el cuidado de la salud; nuestras otras necesidades son: ser amados, ser respetados y ser considerados valiosos.
Garantizar las necesidades básicas es un acto de justicia contemplado por la ley; pero ayudar a una persona a desarrollarse amándola nunca podrá ser contemplado ni impuesto por una ley. No podemos ser obligados a amar a alguien, porque el amor es fruto de la libertad. Un niño necesita que sean satisfechas no solo sus necesidades básicas, si no también su necesidad fundamental de ser amado. No podrá llegar la verdadera paz si nos quedamos meramente en el respeto de la ley. El amor hace surgir lo más profundo en cada uno, y sin amor verdadero ni hay paz real ni es respetada la justicia. [...]
Para nutrir la paz deberemos partir en busca de la apertura, del riesgo, del perdón y de la libertad de reconocer lo sagrado en el otro y en nosotros mismos."
Busca la paz, capítulo 3, Jean Vanier.
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